Existe una masa significativa de mujeres que en algún momento de sus vidas deciden establecer relaciones más o menos estables con hombres que están en relaciones formales, lo sepan ellas conscientemente o no.

El nombre que le damos a estas mujeres: “la querida”. Me llama la atención porque denota que a esa mujer es a la que se quiere. Pareciera sugerir que a la esposa no se le quiere, sino que se entiende que se está con ella porque el matrimonio es para siemprepor lo hijos, etc.
Más allá de eso, el convertirse en amante de alguien es siempre una decisión. Por lo menos desde el momento en que se sabe o se sospecha que la otra persona tienen una relación oficial. Sin embargo, muchas mujeres, incluso sabiéndolo, continúan con esas relaciones. Algunas de las justificaciones que se utilizan son:


o El amor: “Es que nos queremos” o “Es que lo quiero”. ¿Puede construirse algo positivo donde se generó tanto dolor a otros? Algunos teóricos sobre el tema dicen que no, que nada bueno surge de lastimar a otros, así sea en nombre del amor. Como he dicho en otras ocasiones, el amor no lo justifica todo. Según los que sostienen este punto de vista, el amor se desvirtúa si necesita del engaño y la mentira. Es un pensamiento digno de ser analizado.

o La ilusión de que él deje a su esposa y se quede conmigo: ¿Cuántos hombres casados dejan a su esposa por una amante? Muy pocos. Incluso si pasa, las estadísticas indican que la relación no tiene mucho futuro. Esto porque las relaciones de “enqueridamiento” están basadas en ciertos factores y reglas que cambian radicalmente cuando “la querida” se convierte en “la oficial”. Y no quisiera, pero en este caso tengo que darle la razón a Pimpinela.
La mayoría de los hombres describen sus espacios con sus amantes como espacios de relajación, sin problemas. Con ellas tienen buen sexo y compañía agradable. No solo porque esa es la naturaleza de la relación, sino porque además la querida sabe que no tiene los mismos derechos que la esposa y por lo tanto exige, reclama y pelea menos. Esto se pierde cuando ella se convierte en la oficial. Oficializar a la querida es como echarle sal al postre.
Como toda decisión, ser “la querida” tiene consecuencias.



Hay pocas cosas que exciten más que oír a tu pareja gemir de placer.
Los productores de porno lo saben y por eso ponen a sus actores y actrices a hacer escándalo y también por eso muchas personas exageran los gemidos para excitar a su pareja o peor aún, para fingir un orgasmo y acelerar así el orgasmo masculino (tanto como el 80% de las mujeres en una encuesta de 2014 hacen esto por lo menos la mitad de las veces que no logran llegar al orgasmo)
Contrario a la creencia popular, no todo placer va acompañado de un sonido, lo más común es de hecho todo lo contrario. En un estudio de 2011 se encontró que la gran mayoría de las mujeres no gimen como consecuencia del orgasmo. Tanto como el  66% de ellas  afirmó que gime hasta después de haber llegado al orgasmo y que lo hacen para fomentar el orgasmo en sus parejas y el 87% dijeron que gemían para fortalecer la autoestima de su compañero.
Lo cual no quita que si hay algunas que son gritonas genuinas. Para estas últimas, el placer no está completo si no se pueden expresar a sus anchas. Algo que no siempre es posible. A veces hay que restringirse porque no es que una pueda expresarse libremente en todos lados. Y bueno, también el tener que hacerlo en silencio, como en secreto, tiene su morbo.
A veces creemos que somos los únicos que hacemos ruido, hasta que nos toca escuchar a alguien más. En cuanto a oír los gemidos de otros, creo que depende de quién venga los gemidos. No es lo mismo oír a tus padres, algo generalmente incómodo,  que una pareja de vecinos sexy que pueden incluso llegar a inspirarte.

La capacidad de inspirarte se acaba cuando lo que hacen es desvelarte y lo digo por experiencia propia. Cuando estudiaba fuera, me tocaba compartir apartamento y las paredes eran prácticamente de papel. Tenía una vecina de cuarto gritona  y que para cuidar mi pudor y mi sueño, me pasaba dejando un ipod con audífonos cuando regresaba a casa con alguna conquista. Siempre se lo agradecí  mucho.

Me atrevo a decir que la vagina es el órgano al que tenemos acceso, que las mujeres más desconocemos. Las mujeres tienen la mala costumbre de no explorar ni conocer sus genitales. De esta falta de familiaridad con el propio cuerpo, surgen una serie de mitos relacionados.
Algunos de los mitos más comunes con respecto la vagina son:
§  La vagina huele mal: una vagina saludable no huele mal, huele a genitales. Cada vagina huele diferente, como cada persona.

§  La vagina huele a mariscos: si una vagina huele así es porque está enferma, no porque ese sea un olor natural de la vagina. Hay que visitar a un ginecólogo para resolver el problema.

§  La vagina hay que lavarla por dentro: La vagina tiene su propio sistema de limpieza, mantiene una población saludable y beneficiosa de bacterias que la mantienen limpia y saludable. Uno necesita, efectivamente, lavar muy bien su vulva (los genitales externos, ver ilustración) con agua y jabón, pero jamás lavar la vagina por dentro con jabones o con duchas vaginales. Estos productos inicialmente eliminan el olor natural que tienen los genitales, pero des balancean el PH vaginal, matando las bacterias buenas y dejando la vagina desprotegida contra infecciones vaginales. Una vagina enferma huele realmente desagradable y las personas tratan de remediarlo lavándose o duchándose más y por tanto, haciendo más grave el problema.

§  El exceso de actividad sexual agranda la vagina: Este mito viene de la idea que la vagina es un hoyo. En realidad la vagina es un espacio virtual, es decir que sus paredes en estado natural están juntan y más bien se van amoldando a la forma y tamaño de lo que entre (pene, dedos, etc.) o lo que salga (bebés). La fuerza de una vagina entonces viene no de ella misma, sino de los músculos que la rodean (músculo pubococcígeo).


Lo que de hecho muchas mujeres observan es que a través del tiempo, sus vaginas se sienten ensanchadas a la hora de tener relaciones sexuales, pero esto no se debe a la cantidad de actividad sexual sino a eventos como el parto y/o el envejecimiento que pueden disminuir la tonicidad de los músculos que rodean la entrada de la vagina o producir desgarros en los mismos. En este caso, hacer  ejercicios Kegel ayuda a prevenir y reparar estos daños. En casos extremos, se requiere cirugía para reconstruir los músculos dañados.

He estado dando talleres de sexualidad a adolescentes  y he quedado impresionada con la des conexión entre la cantidad de información que reciben (a través de Internet, de todo lo que hablan entre ellos de sexo, que es en verdad desproporcionado, de la pornografía increíblemente fuerte y extrema a la que están expuestos) y la cantidad de mitos que tienen, obviamente producto, entre otras cosas, de las fuentes poco confiables de donde reciben información sobre sexo y sexualidad.
Inspirada en eso, he estado volviendo a los conceptos más básicos con respecto ala sexualidad y continúo, aclarando los mitos más comunes con respecto a la sexualidad femenina:

· La virginidad se define por la presencia de himen: Se tiene la idea que el himen es una muralla que se derriba difícil y dolorosamente durante la penetración. En realidad es himen es una membrana, es decir, una “telita” frágil, delgada e incompleta que está a la entrada de la vagina  que tiene distintos grados de elasticidad. En el extremo de la poca elasticidad, es tan frágil que  generalmente se rompe en algún  momento durante la vida, sin ningún dolor y sin necesidad de penetración, usualmente por una caída, un esfuerzo grande que se hace, por andar en bicicleta, a caballo, es decir, producto de una infancia normal. En el otro extremo están los hímenes que por cuestiones de elasticidad resisten hasta el nacimiento del primer hijo. Y por supuesto, todos los casos intermedios porque, cada himen es tan diferente como cada mujer.
Tomando esto en cuenta, no podemos tomar la presencia o ausencia del himen como prueba de virginidad porque a veces sin haber tenido penetración el himen ya no está y a veces habiendo  tenido penetración, el himen sigue presente.
· Las mujeres se masturban introduciendo algo en su vagina: Esto parece contra intuitivo, y hasta cierto punto lo es. Parece no tener sentido el hecho que la manera en que nos reproducimos, el objetivo para el que evolucionó el sexo, produzca naturalmente orgasmos en los hombres y no en las mujeres.
El problema surge porque los seres humanos somos únicos en el reino animal.  Nadie camina en dos patas y al mismo tiempo erecto como nosotros (algunos animales andan en dos patas pero no erectos). Para poder caminar como caminamos, los seres humanos sufrimos una transformación importante en nuestra estructura media (cadera y pelvis). En este movimiento, el clítoris, que anteriormente estaba dentro de la vagina (como en el resto de los animales superiores), quedó fuera de la misma.
La vagina sólo tiene sensibilidad en el primer tercio (donde se ubica el punto g). El resto del tejido no tiene sensibilidad (lo que se siente durante la penetración es el cuerpo registrando presión por lo que tiene dentro y si la penetración es profunda, se percibe por la sensibilidad del cérvix, pero la vagina en sí, no siente. Para lograr la masturbación, la mujer necesita estimular el clítoris, que es, junto con el punto g, los tejidos capacitados para producir orgasmo.
· La “primera  vez” es dolorosa: Nada de lo biológico debería doler. Si duele el corazón o respirar o digerir, es porque algo está mal. El mismo criterio se usa con la relación sexual. Como regla, la relación sexual no debería ser dolorosa nunca.
En el caso de la primera vez, tiende a doler precisamente porque creo que me va a doler, entonces me pongo tensa y tenso las paredes de la vagina, y por el miedo al dolor no me relajo y disfruto por lo que no lubrico adecuadamente. Adicional mente, si a veces es sin pensar o sin planear puedo estar en un lugar incómodo física o emocionalmente y esto tampoco hace del evento algo relajante y placentero, sino, todo lo contrario. Si uno se prepara física y emocionalmente, puede lograr una buena primera experiencia, lo cual ayuda a que uno  inicie con buen pie su vida sexual.



El condón es el agente de seguridad de la sexualidad por excelencia porque no sólo previene embarazos, sino que es el único método anticonceptivo que además previene el contagio de enfermedades de trasmisión sexual. Por eso es tan importante fomentar su uso correcto y disciplinado (en cada una de las relaciones sexuales).
El factor que más afecta esta promoción, son una serie de mitos que han surgido con respecto al mismo. Entre los más comunes están:
El condón disminuye la sensibilidad: Si le preguntamos a los científicos que han medido y estudiado el asunto, la respuesta NO, que unos cuantos milímetros de látex no hacen la diferencia en cuanto a las sensaciones que puede experimentar un hombre durante el acto sexual.
Dicho esto, y como la sexualidad es al final una vivencia personal, la cantidad de incomodidad que un hombre pueda sentir al usar un condón durante la relación sexual  tiene que ver:
·         Ideas preconcebidas: como ha escuchado que así será, le pone atención extra a cualquier sensación diferente que sienta y así,  se termina de convencer que en realidad se siente menos con condón.
·         Falta de costumbre: es importante acostumbrarse a  masturbarse con condón, especialmente los más jóvenes. Los hombres aprenden a sobre su placer sexual con la masturbación y se acostumbran a un ritmo y clase de estimulación. Es de esperar, por tanto, que al introducir un elemento ajeno a este ritual, la persona sienta que no es “natural” porque no está acostumbrado. Sin embargo, si los jóvenes aprenden a incluir el condón en su ritual de masturbación, aprenden a parar para ponerlo y se acostumbran a usarlo y entonces, más adelante, cuando lo necesiten usar para cuidar su salud sexual, no lo sentirán como un elemento extraño y poco natural.
Usar doble condón protege el doble: La respuesta sencilla es NO. El roce de látex con látex incrementa las posibilidades de que el condón se rompa. Un condón puesto de manera correcta y a tiempo (desde el inicio de la penetración, no hasta que se va a eyacular) es la manera más efectiva de protegerse.

El condón es para el sexo casual, no para usar con mi pareja: muchas parejas deciden usar el condón como método anticonceptivo porque no provoca alteraciones hormonales como algunas pastillas anticonceptivas, no es invasivo ni permanente como la vasectomía o la ligadura de trompas de Falopio y además, es barato y práctico.

Este sinsentido interfiere mucho en que las personas consigan lo que quieren. La persona que pidió no se permite recibir porque el que da, según su percepción, no QUIERE (muere por) dar. La persona que va a dar, que quiera o no ya se decidió a dar, es rechazado y además, hecho sentir culpable y muy probablemente involucrado en una pelea.
Todo esto surge de  algunas creencias incorrectas:
1.     Que las personas sólo deberían hacer lo que quieren: las personas hacen lo que tengan de hacer para conseguir lo que quieren. Lo otro es sólo dejarse llevar por impulsos, como los animales.
2.     Que si me quiere, ha de querer hacerlo: como que el amor fuera magia o metamorfosis. Una cosa no precisamente tiene que ver con la otra.
3.     ¿Y cómo yo?: Pensar que la otra persona es igual a mí (sólo en lo que me conviene) es un error. Necesito entender que puede/hace/quiere diferente a mí y no por eso es una mala persona.
Para poder evitar los sinsabores y las insatisfacciones que genera esta actitud, hemos de:
·         Practicar la gratitud: Si alguien hace algo por nosotros, hemos de ser agradecidos. Más aún, si la persona está dispuesto a hacer a pesar de no tener ganas o de que si no estuviera con nosotros no lo haría, hay que agradecer todavía más.
Es una ingratitud no aceptar un gesto sólo porque percibimos que la otra persona no quiere hacerlo.
·         Estar clara de lo que quiero: Si digo que quiere algo y cuando me lo van a dar, digo que en realidad lo que quiero es que la otra persona quiera y por eso no estoy dispuesta a aceptarlo, entonces no lo quiero en realidad y tengo que ir a pensar en la fuente verdadera de mi insatisfacción.
·         Entender que la necesitada soy yo: y por tanto no puedo andarme con orgullos baratos. La otra persona al final sale librada de hacer lo que no quería y la que más sale perdiendo soy yo misma.
Aplicando estas recomendaciones, podemos relajarnos y aprender a recibir lo que nos dan con más gusto.


La sexualidad es una energía que se experimenta y expresa en TODO lo que somos, sentimos, pensamos y hacemos. Es inherente al ser humano, es decir, que es parte de nuestra naturaleza. Somos sexuales mientras estamos vivos, desde que empezamos a vivir en el vientre materno hasta que nos morimos. Es natural e instintivo, es decir que sin necesidad de que nos induzcan o nos enseñan,  desde que empezamos a vivir exploramos, reconocemos y aprendemos sobre nuestra sexualidad.
La función de la sexualidad es la comunicación el placer (no hay que confundir la sexualidad con el sexo, cuyas funciones incluyen también la reproducción).
Si bien, al principio, las expresiones no tienen objeto ni nombre (hacemos porque nos surge como impulso, como instinto, pero sin un propósito más allá de la curiosidad, el deseo  y el placer), a medida que crecemos, vamos descubriendo, conociendo y reconociendo nuestra sexualidad y aprendemos a administrarla en sus diversas expresiones para finalmente tomar decisiones acerca de ella.
Aprendemos a expresarla primordialmente cuando somos muy pequeños (antes de los 5 años) y en casa, del ejemplo de nuestros padres y/o demás personas con las que convivimos. Aprendemos por dos vías:
1.     Sensaciones corporales: Especialmente cuando somos muy pequeños. Las sensaciones corporales son las que sentimos cuando estamos, por ejemplo, en una habitación con dos personas que están molestas y percibimos en nuestro cuerpo la incomodidad entre ellos.
2.     Por gestos: Ya un poco más grandes, los niños aprenden por gestos. Entonces, por ejemplo, cuando un niño pregunta a su madre como se hacen los niños, las palabras que ella le conteste son menos importantes que lo que ella transmita con sus gestos. Es decir, que al final de cuentas, ese niño puede o no acordarse de las palabras, pero lo que va a quedar en él es la percepción de que mi madre estaba nerviosa o incómoda hablando sobre éste tema y que por tanto él no debería volver a hablar sobre ese tema porque es un tema incómodo para mamá.

Como éste aprendizaje se hace muy pequeños, no son aprendizajes que tengamos muy conscientes, la mayoría son inconscientes, pero podemos reconocerlos en las actitudes, libertades y resistencias que tenemos con respecto a la sexualidad.
De esta manera, no es necesario que alguien se haya sentado conmigo a  hablarme de sexualidad, yo de igual manera aprendí. El no decir nada, el “de eso no se habla” manda un mensaje que todos los miembros de la familia entienden e interiorizan claramente.
Es así que los mensajes, mandatos y formas de relacionarse que tiene mi familia se transmite de generación a generación. Algunos de esos mensajes son buenos, adaptativos, saludables y me ayuda a tener una sexualidad plena, satisfactoria, responsable y saludable. Otros, por el contrario,  me llenan de culpas, resistencias, obstáculos, limitaciones, desconocimientos, malestares y vergüenzas.


Mitos sobre la sexualidad femenina: placer y el orgasmo Algunos de los mitos más comunes con respecto al placer y orgasmo femeninos son: · Para masturbarse, la mujer ha de introducir objetos en su vagina: la vagina tiene sensibilidad sólo en el primer tercio, el resto de la vagina no tiene sensibilidad propiamente dicha. El introducir objetos en la vagina no produce orgasmos femeninos.


Para masturbarse hasta conseguir un orgasmo, es necesario estimular el clítoris, el cual se encuentra fuera de la vagina. · El orgasmo femenino se ha de alcanzar con la penetración: La penetración es una de las formas menos efectivas para generar un orgasmo femenino. Según las estadísticas, sólo el 25% de las mujeres logran llegar al orgasmo vía penetración de manera regular. Como explicaba en el punto anterior, la mayoría de las mujeres necesita estimulación directa del clítoris (con masturbación o sexo oral) para alcanzar el orgasmo.   Parece un sinsentido que la manera en que nos reproducimos (penetración vaginal), objetivo evolutivo de la aparición del sexo, sea tan eficiente generando placer y orgasmo en el hombre y tan poco en la mujer. Y lo es. En el resto de los animales, el clítoris cumple su función evolutiva (dar placer sexual a la hembra para que busque repetir la interacción sexual) al estar dentro de la vagina. En el caso de los seres humanos, hemos sufrido un cambio anatómico único en el reino animal: caminamos erguidos. Hay otros animales que pueden caminar en dos patas, pero no erguidos (rectos). Para poder hacer esto, la pelvis sufrió modificaciones importantes a través de la evolución y como consecuencia el clítoris salió fuera de la vagina.   · Se sabe que una mujer tuvo un orgasmo porque grita: La proliferación de la pornografía, gracias a internet y el hecho que cada vez  la edad de inicio de consumo de pornografía es menor (11 años en promedio) ha establecido la creencia de que el orgasmo incluye gritos o gemidos. Es importante entender que la pornografía es ficción y que las personas que actúan en ella, son actores. Como tal, hacen lo que tengan que hacer para vender o dramatizar una fantasía. En las películas pornográficas las mujeres gritan por que se mira bien en cámara y provee un estímulo al que está consumiendo el producto. A pesar que algunas mujeres tienen la necesidad de emitir sonidos al momento del orgasmo en diferentes intensidades, otras no  y ambas cosas son normales.



¿Has escuchado la frase “El punto G está en los oídos”? Para muchas personas esto tiene que ver con esto precisamente: el gusto de que me hablen “sucio” en la cama.

Muchas personas no conciben el silencio entre las sábanas y requieren este tipo de estímulo mental. Desde frases bonitas, pasando por las conversaciones subidas de tono hasta las frases degeneradas y las alusiones a lo desviado y lo dominante, cada quien tiene su propio gusto. Hablar sucio  es un ingrediente magnifico para sazonar los encuentros sexuales porque inmediatamente pone la imaginación a funcionar. Sin embargo, no siempre es fácil dominar este arte. Algunos posibles inconvenientes incluyen:


Te interesa pero te da pena: Normal. Todo lo nuevo y desconocido asusta y más cuando tememos hacer el ridículo o espantar al otro. Pues nada, para nada se nace aprendido y la práctica es la que hace al maestro. Hay que empezar poco a poco, tomando de aliento lo excitante que te pueden resultar los gemidos o ruidos de placer que hace tu pareja cuando disfruta. Si eso te parece estimulante, las palabras son solo el siguiente escalón.
No sabes por dónde empezar. Lógico. Es cuestión de ir poco a poco. Podés empezar pensando qué te gustaría decirle y qué te gustaría escuchar. Si no te atrevés a verbalizar eso que estás pensando, pues date tiempo y empieza por algo más fácil. A medida que vayas ganando seguridad, vas subiendo de tono, pero sin forzarte. No hay nada menos  excitante que escuchar algo que no suena sincero o que notas que incomoda a quien lo dice.
Además es importante mantenerte atento a la reacción de la otra persona, porque de nada sirve que digás si la otra persona se incomoda en vez de excitarse (que es el objetivo). En este sentido ambos deben ir encontrando (repito, poco a poco) ese  grado de obscenidad que les guste y con el que se sientan cómodos.

También hay que tomar en cuenta que muchas veces no es lo que se dice, sino COMO se dice. En este sentido estaría bien practicar un tono de voz, miradas o ademanes con que condimentar lo que digás.

Sigue faltándote valor. En este sentido la tecnología hace maravillas porque mantiene el sentido de anonimato que nos da el valor de hacer/decir mucha cosas que no podríamos cara a cara. Un mensaje de texto o correo electrónico puede ser algo fácil donde empezar. Eso sí, te recuerdo que eventualmente tendrán que verse.
¿Y si me paso o me dice algo que me molesta? Si vas poco a poco, difícilmente te vas a pasar y si algo le molesta, te disculpás y le explicás que no se volverá a repetir.
Si quien se molesta sos vos, pues intentás decirlo de la forma más considerada (pero clara) posible, explicando lo que no te gustó específicamente y rescantando lo que sí te gustó.

En el caso de la inspiración, lo mejor es ir construyendo algo propio, pero podés ayudar la imaginación con literatura erótica, películas (porno o no porno) o Internet. Tampoco es como que se necesita un discurso completo, basta con algunas frases por aquí y por allá que condimenten la vida sexual. Ir probando e innovando para ver que funciona para vos y tu pareja.



Conócete
La primera persona que debe familiarizarse con tu cuerpo eres tú mism@. Conocer nuestras zonas mas sensibles es la mejor manera de gozar al máximo la sexualidad y hacerla mas variada. Para saber que es lo que más te gusta o descubrir nuevas sensaciones y lugares sensibles de tu piel tienes que explorar cada centímetro de tu cuerpo, sin prejuicios. Frente a un espejo sin ropa observa y siente tu cuerpo, tu piel, sin caer en la auto crítica destructiva. Goza y explora tu cuerpo.



la Mente
Gran parte del estímulo y detonador sexual esta en la mente. Si sabes cómo jugar con tu mente puedes hacer cosas maravillosas y dar y recibir placer sin límite. La mente puede jugar malos ratos  con actitudes represivas aprendidas en experiencias de la vida, para detener estos pensamientos o malas jugadas, lo primero que tienes que tener en cuenta es que todo lo que puedas hacer con respecto al sexo está bien, siempre y cuando los dos lo hagan libremente. Estimula la imaginación erótica y fantasea sobre el sexo para aumentar la energía sexual y  tu poder de seducción. 

Mi placer tu placer
Un buen encuentro sexual siempre implica éxtasis de dos. Para que los dos gocen en sus relaciones sexuales es necesario que tu pareja vea y sienta que tú disfrutas del sexo y que también puedes enloquecer de placer, así como a ti te gusta verlo de la misma forma a él. Nada más provocativo rendirse ante el placer de la seducción.  Siente el placer de tu pareja como propio y aprovéchalo para excitarte más.  

No tienes que ser una experta 
No tienes que aprenderte el Kama Sutra de memoria para satisfacerlo. ‘Hay muchos caminos hacia el orgasmo masculino’, sostiene Kerner. Mientras prestes atención a sus reacciones y te abstengas de hacer movimientos que causen dolor (a menos de que él quiera) o hacer cualquier cosa que involucre morder (a menos que él te lo pida), no tendrás queja alguna.

El sexo es la forma como él te demuestra sus sentimientos
Es un hecho. Mientras que nosotras necesitamos sentirnos en un ambiente cálido y amoroso para querer tener sexo, los hombres necesitan tener sexo para sentir esos sentimientos de amor. ‘La mayoría de hombres necesitan de otras salidas para comunicarse, y para ellos el sexo es una poderosa alternativa para expresar lo que sienten’, afirma Kerner. Recuerda que la próxima vez que él quiera sexo de reconciliación, antes de que verdaderamente se hayan reconciliado, para él, el sexo es un ofrecimiento de paz y amor, todo en uno. 

El sexo mejora con la edad
Con el tiempo aprendes a conocer nuevas maniobras, para él y para ti. Por eso alégrate cada vez que soples las velas.