Mitos Sexualidad Femenina: La Vagina
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Me atrevo a decir que la vagina es el órgano al que tenemos acceso, que
las mujeres más desconocemos. Las mujeres tienen la mala costumbre de no
explorar ni conocer sus genitales. De esta falta de familiaridad con el propio
cuerpo, surgen una serie de mitos relacionados.
Algunos de los mitos más comunes con respecto la vagina son:
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La vagina huele mal: una vagina
saludable no huele mal, huele a genitales. Cada vagina huele diferente, como
cada persona.
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La vagina huele a mariscos: si una
vagina huele así es porque está enferma, no porque ese sea un olor natural de
la vagina. Hay que visitar a un ginecólogo para resolver el problema.
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La vagina hay que lavarla por dentro: La
vagina tiene su propio sistema de limpieza, mantiene una población saludable y
beneficiosa de bacterias que la mantienen limpia y saludable. Uno necesita,
efectivamente, lavar muy bien su vulva (los genitales externos, ver ilustración)
con agua y jabón, pero jamás lavar la vagina por dentro
con jabones o con duchas vaginales. Estos productos inicialmente eliminan el
olor natural que tienen los genitales, pero des balancean el PH vaginal, matando
las bacterias buenas y dejando la vagina desprotegida contra infecciones
vaginales. Una vagina enferma huele realmente desagradable y las personas
tratan de remediarlo lavándose o duchándose más y por tanto, haciendo más grave
el problema.
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El exceso de actividad sexual agranda la vagina: Este
mito viene de la idea que la vagina es un hoyo. En realidad la vagina es un
espacio virtual, es decir que sus paredes en estado natural están juntan y más
bien se van amoldando a la forma y tamaño de lo que entre (pene, dedos, etc.) o
lo que salga (bebés). La fuerza de una vagina entonces viene no de ella misma,
sino de los músculos que la rodean (músculo pubococcígeo).
Lo que de hecho muchas mujeres observan es que a través del tiempo, sus
vaginas se sienten ensanchadas a la hora de tener relaciones sexuales, pero
esto no se debe a la cantidad de actividad sexual sino a eventos como el parto
y/o el envejecimiento que pueden disminuir la tonicidad de los músculos que
rodean la entrada de la vagina o producir desgarros en los mismos. En este
caso, hacer ejercicios Kegel ayuda a prevenir y reparar estos daños. En
casos extremos, se requiere cirugía para reconstruir los músculos dañados.